En el campo de los métodos corporales existe un enfoque que goza de gran popularidad entre un cierto número de músicos. Este enfoque dice que un músico con tensiones simplemente tiene que dejar de hacer movimientos superfluos e "incorrectos". De esta forma, los movimientos "correctos" se establecerían por sí solos, eficientes en la ejecución, elegantes en su aspecto.

A esto lo llamo "eficiencia del movimiento".

De entrada, este enfoque parece bastante coherente. Algunos tomarían la imagen de un escultor para darle base, ya que éste también sólo libera la piedra superflua de la estatua, que siempre estuvo ahí presente en el material, ¿verdad?

La "eficiencia del movimiento" no funciona en el caso de los músicos.

Al contrario, ya que la música es otro tipo de arte expresivo que la escultura. El material con el que nosotros trabajamos es nuestro organismo lleno de vida y aliento, nuestras emociones, y nuestro sonido, que transporta estas emociones al oído de nuestros oyentes. La dirección siempre es desde dentro hacia fuera.

Una músico, cuya libertad de movimiento esté restringida a causa de tensiones, necesita liberar su cuerpo con una manera de moverse más bien "derrochadora". Necesita una conexión más directa con sus sensaciones corporales y con el impulso que le ayude llevar las emociones de dentro hacia fuera. Y, para conseguirlo, necesita estar menos en su cabeza.

La libertad de movimiento le es arrebatada al músico.

Mediante el enfoque de la "eficiencia del movimiento", tan razonable como parezca, la libertad de movimiento le es arrebatada a esta músico definitivamente. En vez de conectarse más con sus sensaciones corporales de manera intuitiva, aprende a prestar atención a ejecutar los movimientos "correctos", como si fueran garantía para expresarse completamente, como si de esa manera se pudiera quitar las tensiones de encima. Para ello, tiene que crear una instancia dentro de sí misma que la asesore impedir movimientos "incorrectos"; una instancia que actua desde fuera hacia dentro. Nuestra músico, sin embargo, no puede estar donde realmente quiere: con su música, con su sonido, con su emoción, ya que su atención está dividida.

Así, queda atrapada entre lo que se siente bien y lo que "es correcto", se mantiene en la cabeza y no aprende a confiar en los impulsos de su cuerpo. Llegado este punto, se puede dar el caso de que la músico, convencida de que sólo el movimiento "correcto" la liberará, no sepa ya cómo moverse, llegando a la inmovilidad y a no poder producir una sola nota.

Liberación del movimiento con el enfoque "derrochador"

Los bloqueos en el cuerpo de esta músico sólo se pueden liberar con un movimiento "despilfarrador" desde dentro hacia fuera, es decir, sin pensárselo mucho y llevándolo desde el centro, para poco a poco liberar el cuerpo. De esta manera se gana cada vez más energía, ya que no hay que ahorrar nada: el cuerpo es capaz de generar más cuanto más libre está, y de compensar todos los movimientos si tiene la libertad de moverse.

Un movimiento liberador tiene tres características:

  • lleva del bajo cuerpo al cuerpo superior,
  • lleva desde el centro del cuerpo hacia la periferia,
  • y lleva desde los músculos grandes hacia los músculos pequeños,

características que apoyan e intensifican los movimientos corporales del Método Resonancia.

En el ámbito artístico-musical no hay movimientos "correctos" o "incorrectos", sino sólo movimientos, en los que la emoción puede llegar a completarse - o no. El movimiento completado no gasta energía, sino crea nueva fuerza sana, abierta y llena de vida, y la disponibilidad para completar el sonido siguiente... y el que le sigue después.



Lee sobre los elementos que liberan tu cuerpo mientras haces música.

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